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Julio Salom: el regreso a Ronda de alguien que nunca se ha ido

El general Salom presidió la formación del Día de la Inmaculada, Patrona del Arma de Infantería // Manolo Guerrero

El general Salom presidió la formación del Día de la Inmaculada, Patrona del Arma de Infantería // Manolo Guerrero

Artículo de opinión de Manolo Guerrero

10 Dec 2019 - 14:26 // Charry TV Noticias

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Entrevista al general de brigada Julio Salom, jefe de la División de Operaciones del EME // CharryTV

Manolo Guerrero

El domingo llegué al Cuartel antes de lo habitual. Mi amigo Julio volvía a la que fue su casa durante dos años (en realidad año y medio, porque al poco de relevar al coronel Luis Lanchares al mando del 4º Tercio le tocó abrir escenario en Irak). Me había contagiado sus nervios.

“A ver si no lío una de las mías”, me dijo el viernes cuando nos encontramos, con la cara de ilusión del niño que se levanta el 6 de enero antes de que amanezca para ver qué le han dejado los Reyes Magos. El lunes que viene se cumplen tres años desde que se marchó a Madrid. Desde entonces ha pasado dos ratos por la Serranía por sus obligaciones y las cosas de la vida, pero lo cierto es que nunca se ha ido de aquí.

Mi amigo Julio es de esas personas que te llegan y a las que no quieres sacar de tu vida desde que mantienes con él el primer contacto. Yo, además, tuve la suerte de conocerlo en un momento de dudas con la rutina de mi día a día, de que me abriese las puertas de La Legión y de que me hiciese ver con rapidez que el ‘think globally, act locally’, no solo se refiere a cuestiones relacionadas con el medio ambiente.

Me enseñó que el trabajo de informador local también puede extenderse lejos de aquí y me ayudó a encontrarle sentido a lo que hacía y a querer a La Legión casi tanto como la quiere el que ha servido en ella.

Unos meses después de marcharse de Ronda, animado por el entonces coronel Ramón Armada, participé en las Jornadas de Corresponsales de Guerra que organiza cada año el Ejército de Tierra en Madrid. Eran tiempos difíciles para Julio. Poco antes había cambiado el aire limpio de la Serranía de Ronda por un despacho en la capital. Y Pilar ya peleaba contra su enfermedad.

Desde que regresó a Madrid siempre que he subido hemos intentado vernos, aunque sea para un café. “¿Cuándo llegas? Cenas con nosotros en casa, ¿ok?”, me dijo. Le respondí que el día antes, pero que no quería molestar. “Molestas si no vienes”, me contestó.

Poco después del curso de corresponsales pasé a preparar la cobertura de mi primera misión, con el Grupo de Caballería en Mali. De camino a Madrid no podía llevar más dudas ni más miedos. Esa noche volví a cenar con su familia. Al acabar y antes de regresar a mi hostal, me preguntó si llevaba mosquitera. Le dije que no, que allí seguro que había. Me llevó a su casa y empezó a buscar una entre todas sus cosas de la mili.

La mosquitera no apareció, pero me dio un chambergo y me ordenó que le diese novedades de lo que hacía en Koulikoro a diario. Unas horas después estaba pisando la arena del río Níger y le mandé una foto antes de contarle lo que había podido hacer el primer día. Ese día superamos los 45 grados. Su respuesta fue: “vale, pero… ¿y tu chambergo?”.

De mi amigo Julio destaco muchas cosas, sobre todo la pasión que siente por su familia y su forma de afrontar los momentos duros. Pero otra de las que me llama sobremanera la atención es su capacidad para preocuparse por cuestiones de los demás, por menores que puedan ser, aunque lo que él tenga entre manos en ese momento, ya sea de trabajo o personal, sea infinitamente más importante.

Sobre él he hablado mucho con gente con más y menos galones. Ayer, al aparcar en el Cuartel, la cabo primero Cristina López me dijo: “¿Lo has visto ya? No he conocido a una persona más buena en mi vida”. Una de las últimas veces que coincidí con el teniente coronel Paco López Villar y estábamos comentando algo sobre Julio, me espetó: “Hay gente que vive toda una vida y no conoce a alguien como él”.

El domingo volvió a su antigua casa. Y se notó por la cantidad de gente que quiso acompañar a La Legión de Ronda en el Día de la Inmaculada. Muchos de ellos vinieron animados sobre todo porque él estaba allí, para darle un abrazo o cruzar tres palabras. Y hasta quien no pudo salir a verlo, como las cocineras, lo acabó consiguiendo, porque él se encargó de entrar a buscarlas.

El domingo fue el día de mi amigo Julio, no solo por tener el honor de presidir el acto. Y la demostración de que, quien siembra tanto, recoge. Por eso en su coche, de vuelta a Madrid, no cabía nada más. Ni de lo que se ve y ocupa espacio, ni de lo que se guarda uno en sus adentros.

Comentarios

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Quique Cañedo
Magnifica descripción y magnifica persona debe de ser, las palabras que componen el texto desbordan cariño y respeto. Felicidades por el artículo.
10 Dec 2019 - 19:36
Francisco GM
En este escrito se han juntado dos a cual mejor, Julio y Manolo.
11 Dec 2019 - 21:30
Manuel j Álvarez
Y lo principal de todo su entereza y fidelidad así como su segunda casa y familia, la legión,
14 Dec 2019 - 15:22
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