La antigua bodega Morosanto inicia una nueva etapa de la mano de Sergio Rosillo, quien ha asumido la gestión de la finca con el objetivo de renovar tanto la producción de vinos como la oferta enoturística, apostando por una identidad propia vinculada al territorio de la Serranía de Ronda.
Según explica Rosillo, el proyecto llevaba gestándose desde hace más de un año, tras un proceso de búsqueda de diferentes fincas en la comarca junto a un equipo formado por especialistas en viticultura, enoturismo, arquitectura y marketing. Finalmente, la elección recayó en la antigua Morosanto por su ubicación y el potencial de sus viñedos.
El nuevo gerente señala que la transformación del proyecto se apoyará en tres pilares fundamentales. El primero pasa por un manejo más sostenible del viñedo, con el objetivo de avanzar progresivamente hacia una producción ecológica. Desde la adquisición de la finca, el pasado mes de enero, las primeras actuaciones se han centrado en mejorar el estado de las viñas.
La segunda línea de trabajo será la renovación del catálogo de vinos. La bodega dejará atrás la marca Morosanto para dar paso a una nueva identidad que aún se encuentra en desarrollo. La intención es elaborar vinos que reflejen el carácter de la Serranía de Ronda, con un estilo más actual, ligero y fresco, adaptado a las tendencias del mercado.
En este sentido, la apuesta por los vinos blancos tendrá un protagonismo especial. La finca ampliará la superficie dedicada a variedades como chardonnay, viognier y moscatel morisco, además de incorporar uvas tradicionales andaluzas como doradilla y vijariego.
El tercer eje del proyecto estará centrado en el enoturismo. Las visitas y experiencias actuales han quedado suspendidas para diseñar un nuevo modelo orientado al segmento premium. Entre las novedades previstas figura la construcción de un edificio específico para recibir a los visitantes, mientras que la bodega se destinará exclusivamente a la elaboración del vino.
Las futuras actividades incluirán catas en distintos puntos de la finca, aprovechando sus paisajes y miradores naturales, así como recorridos que pondrán en valor el patrimonio histórico del lugar. Entre los elementos destacados se encuentran los restos de una antigua villa romana del siglo I relacionados con la actividad vitivinícola, un legado que la empresa quiere integrar en la experiencia de los visitantes.
Rosillo también destaca que uno de los principales motivos que le llevaron a apostar por Ronda fue su vinculación familiar con la ciudad, ya que parte de su familia paterna procede de la Serranía. A ello suma las condiciones naturales del territorio, como la altitud, los suelos calizos y el clima, que considera ideales para elaborar vinos con identidad propia y proyección tanto nacional como internacional.
El responsable de Rosillo Wines aseguró que la transformación de la finca se desarrollará de forma progresiva durante los próximos dos años. Mientras avanzan los trabajos en el viñedo y el diseño de las nuevas instalaciones, el equipo continúa trabajando con el objetivo de convertir este espacio en un referente tanto por la calidad de sus vinos como por la experiencia que ofrecerá a quienes lo visiten.





