Ronda ya se prepara para su Semana Santa y desde este domingo, en la ciudad suenan las palabras que Pablo Herrera dejó para la posteridad en el Teatro Municipal Vicente Espinel, en un pregón que no solo se escuchó, sino que se sintió. Comenzaba con los sones de «Amarguras», interpretado por la Banda Municipal de Música. La presentación al pregonero corrió a cargo de su amigo, Diego Cañestro, quien lo definió como: «Un rondeño comprometido, cercano, presente, profundamente vinculado a colectivos sociales, culturales y, sobre todo, cofrades». Destacando su profunda fe mariana y su amor por las cofradías, el presentador destacó: «Hoy Ronda no escucha a un orador, escucha a un hijo que habla a su madre».

El pregonero, a sabiendas de la expectación generada entre el público por las palabras que traía preparadas, y tras la interpretación de «Siempre la Esperanza», comenzó marcando el tono. Sin artificios, sin necesidad de adornar lo evidente, se dirigió a Ronda: “Déjame que no te halague… si tú ya sabes que eres especial”. Y desde ahí, con una voz serena, anunció lo que iba a ser el punto sobre el que iba a satelitar su intervención: “Hoy quiero pregonar una buena nueva… la historia de amor eterna”. “Dame Señor la palabra correcta. No me sueltes, no me dejes. Ronda mía, ¡Ahora empieza!”.
La escena que acompañó a gran parte del discurso, fue la de un pequeño alumno: Tomás. El joven irrumpe con una pregunta directa, con la pureza de la infancia, casi incómoda: “Maestro, ¿Dios existe?”. A partir de ese instante, Ronda y sus hermandades se convierten en argumento para el pregonero. En catequesis viva. En respuesta. “¿Podré explicarle a este niño la existencia de Dios a través de lo que los cofrades vivimos en la semana más importante del año?”

Y así, con un mapa de la ciudad como guía, Herrera fue plasmando una Semana Santa que mezcla costumbre, sentimientos y tradición. Desde la Dehesa hasta Padre Jesús, cada barrio se transforma en una lección para el pequeño Tomás de lo que las cofradías, a través de sus Sagrados Titulares, muestran a Ronda. “Dios está en lo pequeño… en las angustias, en las despedidas, en el sufrimiento”. Y también cuando reivindicó la inocencia pura de los más jóvenes con la mirada puesta en el Barrio de la Dehesa, lugar que da comienzo a todo con la salida de La Pollinica el Domingo de Ramos, un ejemplo de la sencillez de los más pequeños en las cofradías en nuestra ciudad: “Qué importante es dar espacio a los niños en nuestras hermandades; permitirles procesos para descubrir a Dios, para vivir su Fe aquí”.
Herrera miró de frente a la realidad. Habló de la mentira, del ruido, de la indiferencia: “En la era de la mentira hace falta valentía”. Denunció el sufrimiento contemporáneo,las traiciones, todas ellas reflejadas en la imagen de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento: “Veo Señor en tu rostro la imagen de un Dios bendito, que, aunque ha sido traicionado no maldice a quien ha sido”.
Uno de los momentos más sobrecogedores llegó al poner voz al dolor actual, especialmente al de tantas mujeres que sufren en silencio, todos ellos reflejados en la advocación de Nuestra Señora de Los Dolores: “¿Por qué, Señor, la mujer sigue sufriendo?” Para después lanzar un mensaje claro: “Mujer, no calles. Mujer, no temas, que tus dolores son míos y tu preocupación, la nuestra”.

Tras recorrer la Pasión, Herrera llevó al público hasta la Pascua. Hasta la esperanza. Hasta la certeza: “Cristo vive… y está en cada gesto sencillo”. El pregón se cerró con una invitación clara y directa: “Cofrade, sal a la calle y lleva esta buena nueva”. Y Ronda, que ya ve como, un año más, su cuaresma se disipa, comprendió que nuestra Semana Santa es presente. Es respuesta. Es vida. El teatro, en pie, respondió con una ovación larga y sincera a un pregón que no solo superó las expectativas, sino que dejó una certeza flotando en el ambiente: la Semana Santa ya ha comenzado.





