Nueve menos cuarto noche y se abre el pórtico de la iglesia de La Merced. Música de capilla para María Santísima en la Soledad que, desconsolada, llora la muerte de su hijo a los pies del madero en que éste fue crucificado. Gentío en los aledaños del templo para acompañar a una Hermandad que realiza íntegramente su recorrido por la zona centro.
Complicada maniobra de salida del trono de la Titular de La Soledad, que terminan de montar en el exterior los 70 horquilleros que portan a la Virgen con Álvaro Calderón al martillo. Levantá en honor un hermano y antiguo miembro de la junta de gobierno, fallecido hace escasamente un mes. Luto y respeto absoluto de quienes presencian el caminar de la imponente Imagen, obra de Sebastián Santos Rojas en 1952.
Idéntica situación se vive dos horas después en el paso por Carrera Oficial, donde también esperan cientos de rondeños. Nutrida guardería y unos 340 hermanos participando en la estación penitencial de la Hermandad, cuyas raíces se remontan al siglo XVIII.
A diferencia de años pasados, en esta ocasión no hubo estrenos. Tampoco hicieron falta, puesto que La Soledad brilló con luz propia en la noche del Viernes Santo pese a su tristeza. Un dolor que se transformará el domingo en alegría con la Resurrección de Jesús.







