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Viaje inesperado a un quirófano de Boma

En la imagen la supervisora de Enfermería de Urgencias, Rocío Gamarro, y la enfermera Anna María Janot, en el Hospital de Boma.  // CharryTV

En la imagen la supervisora de Enfermería de Urgencias, Rocío Gamarro, y la enfermera Anna María Janot, en el Hospital de Boma. // CharryTV

Tres profesionales del hospital comarcal narran sus vivencias colaborando en un proyecto de Cáritas en el Congo que les ha permitido atender a cientos de pacientes

07 Oct 2019 - 10:52 // Charry TV Noticias

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La Supervisora de Enfermería de Urgencias del hospital comarcal, Rocío Gamarro, realiza una ecografía a una paciente. // CharryTV
La Supervisora de Enfermería de Urgencias del hospital comarcal, Rocío Gamarro, realiza una ecografía a una paciente. // CharryTV

En el centro de la imagen, el traumatólogo rondeño José Luis Riuz Arranz, junto a otros profesionales sanitarios. // CharryTV
En el centro de la imagen, el traumatólogo rondeño José Luis Riuz Arranz, junto a otros profesionales sanitarios. // CharryTV

Rocío Gamarro realiza una cura. // CharryTV
Rocío Gamarro realiza una cura. // CharryTV

Janot y Gamarro posan junto a varios pacientes en el Hospital de Boma. // CharryTV
Janot y Gamarro posan junto a varios pacientes en el Hospital de Boma. // CharryTV

María José García

Rafael Caro, más conocido como “Carito”, es sacerdote en el municipio de Arriate, y fue su vínculo con una misionera de Cáritas, quien llevaría a tres sanitarios del Área de la Serranía de Ronda a vivir una experiencia de ayuda humanitaria difícil de olvidar para ellos en la República Democrática del Congo. Tras los primeros contactos, un grupo de 18 profesionales sanitarios del Hospital comarcal de Ronda y del Hospital Universitario Torrecárdenas de Almería deciden embarcarse en un ambicioso proyecto a desarrollar entre dos hospitales de aquel país: el Hospital Diocesano de Boma, y el Hospital de Florencia, a cuatro kilómetros del primero.

“Nos planteamos dos líneas fundamentales: colaborar de forma estructural en finalizar la obra de un área de maternidad; y la línea de trabajo asistencial”, resume Rocío Gamarro, Supervisora de Enfermería de Urgencias Hospitalarias del Hospital de Ronda.

Para lograr la financiación del proyecto, los sanitarios organizan una verbena solidaria en Arriate y recurren a los ayuntamientos de pueblos vecinos y al Hospital almeriense. Reúnen unos 14.000 euros para adquirir material sanitario y fármacos que llevarán al país, y el Servicio Andaluz de Salud les concede un “permiso retribuido” para que su estancia en el Congo, del 1 al 18 de septiembre, no se descuente en días libres. 

El Jefe de Servicio de Traumatología del Hospital de Ronda, José Luis Ruiz Arranz estima que el equipo completo de profesionales desplazados al lugar, han asistido a “unos mil pacientes”. “Hemos hecho cirugía ginecológica y obstétrica, se ha operado un cáncer de mama, histerectomías, un embarazo ectópico…”, enumera.

Los limitados recursos de los hospitales congoleños han dejado huella en los sanitarios rondeños. “Cuando iba al hospital iba mentalizada para encontrarme pobreza, pero aquello nos dejó con la boca abierta. Entramos en quirófano y dijimos «¡Dios mío! ¿¡Cómo podéis operar aquí!?». Y el médico me dijo: «Sí, operamos, y la gente se salva y se cura»”, narra la enfermera Anna María Janot. 

A la escasez de medios y fármacos se une la falta de formación en el ámbito sanitario. “Allí no hay un traumatólogo en 500 kilómetros a la redonda. No hay cirujano maxilofacial, ni un neurocirujano y muchas veces los médicos generales se ocupan de los aspectos materno-infantiles. Un médico general es capaz de operar una apendicitis, de hacer una cesárea, o de atender un parto”, cuenta Ruiz Arranz. 

Una de las palabras más repetidas es la impotencia. “Al llegar al hospital se te cae el mundo encima, porque no ves justo cómo vivimos aquí y estamos todo el día quejándonos. Y en 10 días te esfuerzas mañana, tarde, noche…Pero te vienes y sabes que lo que te dejas allí va a continuar de la misma forma, entonces esa impotencia perdura”, expresa Gamarro.

No obstante, el traumatólogo logra exprimir una sensación de satisfacción que contrasta con el relato de sus compañeras. “No sé si es políticamente correcto, pero allí me siento muy médico. Allí las personas que acuden a ti te necesitan en mucha medida y aquí el sistema sanitario es tan accesible que reclamamos ciertas asistencias que comparadas con las que nos reclaman allí son casi un juego de niños”, manifiesta.

Los profesionales rondeños ya planean regresar al Congo el año que viene para retomar el proyecto, aspirando a que este se proyecte a medio-largo plazo, para mejorar así la calidad de vida y la salud de una pequeña parte de la población congoleña.

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