La peluquera Pepa Aires se jubila después 44 años de trabajo. “Echar la vista atrás y ver todo lo que hemos compartido impresiona. Lo que empezó hace más de cuatro décadas se ha convertido en algo mucho más grande: he tenido la suerte de ver crecer a vuestras hijas e hijos que se han convertido en mujeres y hombres, de peinaros para vuestros días más importantes -incluidas vuestras bodas- y ahora para rematar la jugada ellas y ellos, ¡me han traído a vuestros nietas y nietos a la peluquería! No hay mayor orgullo ni mejor regalo para mí que esa confianza de generación en generación”, ha compartido en sus redes sociales.
El próximo 31 de octubre, Pepa cerrará de manera definitiva el local al que llegó con 20 años desde Madrid. Acababa de terminar su formación cuando recibió la llamada un familiar para hacerle una oferta:
“Mi tía se iba a jubilar y me planteó que me quedara con el negocio. Mi pareja y yo éramos muy jóvenes, no teníamos dinero como para hacer una gran inversión, pero yo venía con la idea firme de quedarme. No sé por qué. Era algo intuitivo”, asegura.
Su madre pensó que Pepa apenas iba a durar una semana en Ronda, pero esos siete días se convirtieron en más de 40 años. Con el tiempo, pudo comprar el local, ubicado en la calle Virgen de la Paz, y ampliarlo. Además, ha sido formadora de otras profesionales ya que por su peluquería han pasado muchas aprendices:
“Aquí han estado más de dos y de tres que después han montado su propia peluquería, pero yo no me considero maestra de nada, simplemente me he dedicado a trabajar. Si han aprendido algo de mí, pues también es un orgullo”.
Pepa cuenta con clientes de Ronda y de otras localidades de la comarca. “Aquí se han sentado vecinas de Alcalá del Valle, de Setenil de las Bodegas, Igualeja, Montecorto, Olvera, Algodonales… Y clientas que se han tenido que ir fuera y han hecho muchos kilómetros para que yo las atendiera”.
Aires asegura que no tenía intención de retirarse, pero un problema de salud le ha hecho replantear su situación y decidir soltar la tijera. “Las circunstancias mandan. La salud ha precipitado la jubilación, pero es algo que yo no tenía en mente. Yo pensaba irme de aquí con el taca taca”.
Lo que sí tiene claro, es que no abandonará la ciudad. “No me arrepiento en absoluto de haber tomado comprado ese billete con destino a Ronda. Al principio tenía la necesidad de volver a Madrid cada quince días como mínimo, pero llegó un momento en el que ya no necesitaba volver. Podría decir que ya soy más rondeña que madrileña y no quiero marcharme de aquí”.
Serán muchas las que se acerquen en persona a desearle una feliz jubilación durante estos días, aunque ya ha recibido cientos de mensajes de cariño y agradecimiento en redes sociales. “Os agradezco de verdad todo este tiempo juntas. Cierro las tijeras con una sonrisa enorme y con el orgullo de haber compartido la vida con vosotras. ¡Un abrazo muy fuerte!”, ha compartido.






