La terapeuta montejaqueña Mónica Guzmán Chacón ha regresado a su pueblo para hablarnos de “Gotita. La esencia” y “Gotita. Renacer”. Son obras de desarrollo personal y ensayo metafórico, parábolas que utilizan el viaje de una pequeña gota de agua como símbolo del ser humano en su proceso de transformación interior, crecimiento personal y superación de la incertidumbre o los obstáculos.
Afincada en Valencia desde hace más de treinta años, sigue muy vinculada con su localidad natal, a la que visita con regularidad. De hecho, el pasado 17 de septiembre presentó sus “gotitas” en el auditorio municipal.

“Ha sido muy emocionante volver al origen. Para poder avanzar hay que retroceder”, explica. Por ello nuestro punto de partida va a ser la residencia familiar, ubicada en el número 20 de Calle Nueva. Esta vivienda aún conserva recuerdos y elementos decorativos de diferentes épocas.
“Es una buena casa. A nosotros se nos inculcó que éramos abundantes; del pueblo, lo mejorcito porque además teníamos tierras y mi padre siempre ha sido comercial”. Sin embargo, la vida de Mónica no ha sido todo lo cómoda que se pueda imaginar. “Desde que tengo uso de razón me recuerdo yendo a la aceituna, con ese frío matinal. La hermana mayor era la que preparaba la comida, íbamos a la escuela y había días que a las cinco de la tarde volvíamos al campo hasta que oscurecía”.
Mónica era la pequeña de seis hermanos, cinco mujeres y un varón. “El macho, como se decía, murió hace un año de cáncer y en el segundo Renacer le hago un homenaje porque tuvo mucha fuerza y mucho coraje”.
La familia siempre se ha mantenido unida, pero la diferencia de edad entre Mónica y sus hermanas era tan grande que pasó mucho tiempo sola. “Realmente soy la onceaba porque mi madre tuvo dos abortos. Me llevo cinco años con la que está por encima de mí. Eso es mucho para una niña y los demás hacían mucha piña entre ellos. Así que acabé siendo el bichito raro…”.
Esa niña sufrió bullying y acoso, aunque en aquel entonces la sociedad no tenía consciencia del daño que esto puede provocar. “Era rebelde, pero me hice muy permisiva. Me grabé a fuego que era buena, que era fuerte y que lo podía todo. Hablamos de heridas, rechazo, humillación, injusticia…”.
Siendo muy joven se marchó a Valencia y junto a su marido ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional en el sector empresarial, digiriendo empresas de diferentes ámbitos. Tenían una buena vida, con un chalet en uno de los mejores barrios de Valencia, pero a Mónica lo material ya no le llenaba.
“´Éramos intermediarios del consumo mundial, trabajábamos con equipos y hacíamos formaciones y sesiones de cambio de mentalidad. A mí siempre me llamado mucho la atención la psicología y los temas relacionados con la mente y en unas de esas, me metí hacia adentro”, explica.

Esa necesidad de conocerse mejor a sí misma le llevó a formarse en desarrollo y crecimiento personal a través de técnicas y terapias holísticas y bioenergéticas, así como en energía cuántica y en programación neurolingüística, entre otras. Su afán de conocimiento también le ha llevado a contactar con el reputado doctor Mario Alonso Puig y crear sus propias publicaciones. De hecho, estas “gotitas” son el principio de una saga que ha también sufrió las consecuencias de la dana en 2024.
“Yo vivo en Masanasa. Quien no ha pisado el barro, no sabe lo que es. Los manuscritos casi mueren ese día y mi familia los salvó porque es mi sueño, es mi vida lo que va en estos libros. Una vida que puede ayudar a otras personas”.
Las imágenes que ilustran las obras han sido creadas por su sobrina, Ana Chicote Guzmán. Mónica nos invita a que también reflexionemos sobre el significado de cada imagen y extiende su agradecimiento a María Eugenia de Paz Sánchez, colaboradora en este proyecto. Ambas publicaciones se pueden adquirir tanto en librerías físicas como en plataformas digitales.




